lunes, 10 de diciembre de 2012

XXXVII



Mezcla


"Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus"
Horacio Ferrer

Diálogos de tiempo, chances o dimensiones perdidas.
La divinidad más humana, la lucha de adentro y afuera.
Los ojos perdidos, las huellas indelebles, bellos resultados trastocados. 
Engranajes oxidados, el silencio buscado, la paz y el cambio prometido. 
Incertidumbre corporal, nuevas y viejas melodías, algo (mucho) por venir.

Cuerpo a la intemperie, sensaciones secas que buscan lluvia
Ojos mal cerrados, cambios falseados a último momento
El doble filo de siempre en la mente y en el alma, ofrenda nunca cumplida
Placer de serenidad encadenado
En búsqueda del desequilibrio que potencie mi punto de inflexión

Celdas a medio abrir, demonios prófugos
Colchón oscuro, vasija de mente expuesta, sensible
No vendrá, no se acercará
Confrontación entre mi voluntad y mi pasado
Mi calesita bizarra, carne de colores

Mezcla rara, sutil y desprolija

Nicolino

02/12/12

jueves, 19 de julio de 2012

XXXVI


Un poco de alergia mezclada con insomnio, Doyle y Bajtin revisitado.

Problema del gran tiempo

El límite a sus palabras pasa a ser el límite de mis acciones. Mi barrera defensiva se pone en mi contra y me hace tambalear entre monólogos de llantos y abrazos caninos. Acaricio cada recuerdo como si fuera lo último en lo que quisiera pensar antes de continuar la ficción de fingir olvidar. Una sensación sobre la que se ha escrito tanto, indefinible, devastadora, resurrecciones a la vuelta de la esquina. Me hundo en la bipolaridad mientras contemplo cenizas mojadas por lágrimas. Busco la atención de siempre en los mismos lugares errados, firmando rendiciones y bebiendo de mi credulidad infinita. La aguja diferente, apunta y marca, una gotita sube por mi brazo y se pierde en mis labios. Un sabor en el tacto que secuestra lo reciente y lo disuelve en almohadas que actúan llenas de ojos.
La relectura de un testamento en lugar y tiempo equivocados. Las pausas no hechas vuelven y pasan su factura, colectan su deuda torturando la inmortalidad anímica de un enamoramiento sutil. Borrar, borrar la empiria, limpiar las huellas, soy la escena andante de su crimen. Desincronizaciones de aquí y de allá, pequeñas prisiones de inseguridad y la levedad agraciada de nuestras deidades bohemias. La casa vuelve a ganar, los olvidados festejan mis deudas de siempre. Los artesanos me consuelan con recuerdos modificados mientras descanso de un laberinto ya explorado.
Los puntos de cierre me miran, exigen lo que no puedo darles. Provocar lo que no se sabrá controlar: un encuentro de simbiosis anhelada en pasillos finalísticos. Pisadas frescas y mucha niebla en mi tercer ojo para perseguir a la fugitiva que yo mismo creé.

Nicolino
19/07/12

jueves, 14 de junio de 2012

XXXV


El peligroso vínculo entre realidad y ficción mediado por una escritura que abre y cierra un algo del que nunca se sabrá su forma. Puntos de cierre sin suspenso.


La ilusión de la observación participante


Never before was I to delight a suchlike chef d'oeuvre,
Its mere presence imposes a taciturn remaining on me
Philip Breuer


Talismanes quebrados en pasillos silenciosos auguran gritos apagados en ascensores solitarios. Tus secretos no compartidos se vuelven bombas de tiempo entre mis engranajes mentales. Nuestra extraña guerra que no termina, ¿será el miedo nuestro enemigo en común?
Un pequeño desierto divide, nos distancia y, a la vez, nos tienta hacia algo indefinido. Los circulitos de dolor me hacen repetir, busco miradas fuera de foco cultivando promesas podridas.
Los ojos en tu nuca me mantienen en un vuelo confuso, me olvido de intentar no hacer nada. La imagen cegadora -creación egoísta de mis fantasmas artesanos- que baila y baila con la culpa de siempre y nunca (los problemas territoriales…).
El pasado -y sus entes- y el futuro -y sus oráculos- se mezclan en nuestra escritura caótica. Un presente de calor que ayuda y perjudica, cuerpos que piden desfragmentar la mente. Una toma de conciencia que no alcanza, el ojo de mi mente me declara prófugo mientras corro hacia el vacío de tus palabras. La lejanía y mis ganas inquilinas, explosiones redundantes llenas de ignorancia y traición.
Ilusión que negocia la visión, mi vieja reliquia de plata gastada nubla los implícitos y tergiversa las palabras. Tus intereses en letra chica y mi inocencia inagotable desparramados en nuestro camino asaltado por escritos, canciones y polaridades. Un camino forjador de vicios estirados, repetidos y condenados a perder su sabor en el sin tiempo cotidiano.
El punto arquimédico demorado ocasiona la supernova de siempre. Tus particularidades eternizables se pulverizan en mis noches licuadas, juicios amargos que condenan tus representaciones, tus infinitos nombres a su eterna oxidación.
Recuerdos (pequeños) y deseos (grandes) prontos a ahogarse junto a mis lágrimas ferneteras, mientras con-tem-ple perdidamente alguna cálida luna de invierno.


Nicolino
14/06/12

miércoles, 6 de junio de 2012

XXXIV


Cuando cierta palabra choca durante todo el día, la noche espera el momento justo para avisarte cuando vomitar todo eso que llevás adentro de la mente y que esa palabra cataloga.

Trece veces no miedo

Miedo que es eternidad, promedios de semestres repetitivos y augurios dorados.

Miedo que es imán, magnetismo de tragedias exageradas.

Miedo que es bronca, ceguera eterna de raíces mal cortadas.

Miedo que es círculo, inicios adictos a los mismos finales de siempre.

Miedo que es alegría, risas subtituladas en idiomas desconocidos.

Miedo que es cadena, eslabones frágiles de venas tristes.

Miedo que es desesperación, piedras conocidas y pies sangrantes.

 Miedo que es olvido, charlas entre oídos sordos y cómplices.

Miedo que es cambio, contrahegemonía sentenciada a ser absorbida.

Miedo que es sueño, noche postergada de ojos sellados.

Miedo que es luz, sombras cercanas de resolución.

Miedo que es rostro, romboide de plata infinito y repetido.

Miedo que soy, eterno imán de bronca circular y de alegría débil que configura el olvido de cambiar y los dulces sueños de ese rostro infinito.

Nicolino
03/06/12

jueves, 31 de mayo de 2012

XXXIII

Otro producto más del insomnio, una habitación que a veces es bunker y a veces campo de batalla.


Mis metros utópicos

Quiero arrancar este texto creyendo en la absurda mentira de que no tendrá destinatario. La situación se asemeja a un alivio durante la medianoche, un silencio de ruidos agudos y de piedritas anímicas. Algún yo está sentado en un colchón e iluminado por una luz que parpadea, invitación escondida a dormir o a querer pensar sobre oscuridad en la oscuridad.
Pero no, por primera vez mi alivio puede más. Por… ¿suerte? Mi ánimo sostiene deformemente un lápiz cansado y mis ojos persiguen los trazos matizados que salen de mi cabeza. Escribo de escribir, me escribo escribiendo, sintiendo, tratando, imaginando y pensando que esto es para mí. Un esto tan híbrido como mi trayectoria, un intento más de piedra angular y cuello dolorido pero, esta vez, con toques de yerba mate.
Todo se da en una habitación que muta día por medio, una prolongación de esa no definición de todo lo que toco. Acepto (soporto) este lugar, lo hago mío ante la imposibilidad de descartarlo. Sin haber placer de eliminar que cuente, no se me deja ser prófugo. Y lo peor es que la eterna conciencia del error me hace pensar, analizar, derivar, abstraer e incluso teorizar acerca de un futuro cercanamente cegador. Un futuro de habitación cambiada, un par de metros cuadrados que, si o si, me verán cambiar.
Y todo es una utopía, una utopía de anonimato híbrido, un cuento fallido de héroe no reconocido que algún día será lo que quiera ser (porque si no, no será…).

Nicolino
28/05/12

martes, 15 de mayo de 2012

XXXII


Palabras que nacen de otras palabras, párrafos compartidos que se deprenden de otros que han sido creados para no ser leídos. Él los descubrió, los infló, los entendió, los hizo crecer y los multiplicó. Palabras que vienen de otro lado y que resurgen en una interpretación que hila fino entre la realidad y la ficción. Acá está, esto es, palabras regaladas (porque regalar palabras, para mí, es de lo mejor). Gracias.

Dulce Matera


¡Un fernet sin lágrimas, por favor!

Horas y horas de esa nada no pasajera, días repartidos en semanas mellizas, la pobre matera sufre la monotonía (gran enemiga de los seres con conciencia). Un reflejo de potus en tus ojos de bronce, recordar para no volver. Unas lágrimas de plata en un paquete de cigarrillos y… menos que menos, arcaísmo sentimental, un oxímoron de fruta prohibida y podrida a la vez.

No quedan (¿nunca hubo?) muchas opciones en esas madrugadas de segundos licuados y ojos rojos. El frio arruina la poca yerba que queda, se hace difícil juntar el mínimo de interés que hay por seguir despierto (porque dormir nunca es una opción).  Pero el bronce y la plata siguen ahí, cercanos, tan solo mediados por charlas con ojos ajenos o divanes metafísicos.

¿Puede volver a caer? Quizás la pregunta sería si todos podemos volver a caer en algún momento (o si en realidad seguimos cayendo). Algunos se intentan salvar en pareja y otros arman bailes de aguas profundas pero nuestra matera se propone a estar mejor. Y por eso surge un estandarte de interés en contra de la monosilábica cotidianeidad; una madrugada fundacional, una construcción binaria y literaria. Un construir que parece siempre solución.

De esta forma reflotan tus letras catárticas, letras que no se leen sino que exigen ser tocadas. Se trata de sentir mediante un interés difícilmente clasificable, un veremos en espera eterna, una confianza de caballo troyano. Todo por un permiso casi no dicho, una infidencia camuflada en la virtualidad. Y el doble filo de los recuerdos y las palabras bonitas… pero vos no querés los mismos errores (tus mismísimos eternos). Tu pandoresca curiosidad te hace enfrentar a esas piedras de siempre en tu camino pedregoso, alegre y hostil durante fantasmagóricas sesiones de caleidoscopio.

Es que así serán tus días, dulce matera, postulando ese camino a seguir, entre mates y apuntes o entre tus siestas polémicas y tus fernets de olvido. Vos pensás que siempre vamos a mirar atrás (como Orfeo, la mujer de Lot, tantos otros) y sentir el aliento de la repetición, del error (que busca diluir presentes). Pero también vamos a seguir quemando ideas para encontrar algún interés, articulando los tiempos desencontrados y programando futuros de apagones masivos y bicicletas voladoras… siempre que haya interés, nunca habrá monotonía.

Nicolino
27-28/04/12