Nicolino
martes, 8 de mayo de 2012
XXXI
Nicolino
martes, 1 de mayo de 2012
XXX
martes, 24 de abril de 2012
XXIX
sábado, 21 de abril de 2012
XXVIII
Chopin, Pandora y la soledad
Tus ideas cruzaban mi aire
Tu sonrisa recorría mis labios
Tus pupilas destellaban en mi oscuridad
Tu piel abarcaba mi piel y más
Fue olvidar el calor agobiante
Sentir una brisa desconocida
Calmar mis ansias con una melodía
Prolongar esa pausa eterna
No hay nadie pero estás vos, estás
Te imagino diferente cada día
Tus manos, tus mejillas, tu olor
Pero nunca tu voz de canela
Tan sólo un manojo de notas de piano
Me hacen recordar, soñar, olvidar
Todo transcurre sin que lo piense
Todo está conmigo y a la vez no
Una luna mercuriana refleja su luz
Se proyectan sueños, temores, pensamientos
En mi suspensión los mezclo, los subsumo
Les doy forma, una forma que conozco
Mi Pandora personal, mi creación
Eterna vida sin voz ni mirada
Consecuencia de mi soledad
Nunca será ella, nunca
Nicolino
02/01/2011
domingo, 22 de enero de 2012
XXVII
Eternal beginning of forever and (n)ever
¿Ésta ironía con qué se cura?
Si el final es en donde partí.
Gustavo Nápoli
15/10/10
jueves, 20 de octubre de 2011
XXVI
Nunca
I took her where the snow falls forever, she showed me the haunted woods
We gathered together in the oaken palace, free from both death and life
The fire blazed in her eyes one day and she tore the soul from my chest
She painted fire across the skyline II – John Haughm
A place you can’t show me
Something you can’t give me
A moment that has never died
Someone who lives in my dreams
What I seek is a cure
A shield for my soul
Some way to gather the pieces of my heart
Shattered in the sky
Her smile was the essence of time
Her eyes were two immortal stars
Her shoulder was the place for my tears
Her tears were taken by the wind
You must understand
You will never be like her
And I will never be the same
My past will always be my future
But I can’t even accept that…
She will never shine again in the sky
Nunca olvidaré la última luz de sus estrellas
Nicolino
XXV
Voz del sur
domingo, 20 de marzo de 2011
XXIV
Home sweet home
Los espejos no reflejaban, buscaba en vano algo que responda a mi necesidad de conocerme. El suelo era suave, casi imperceptible. Las paredes eran huecas, frágiles. Todo tenía un diseño extravagante, diría caótico. Subía y bajaba sin saber a dónde iba. Ni siquiera había ventanas o puertas. La falta de luz natural no se compensaba con nada ya que no había luz pero tampoco oscuridad. Todo era silencio, cada cosa era silencio, yo me estaba volviendo silencio, me costaba pensar, me sentía oprimido por esa nada anónima. Recuerdos de objetos, cosas, ánimas muertas encerradas en algo que me invadían en una desesperación sin precedentes. Recuerdos que invocaban imágenes, imágenes que invocaban sonidos, sonidos que invocaban lágrimas o risas.
Dejé de sentir el cansancio, comencé a sentir miedo. Miedo de algo a lo que me estaba acercando. Porque mis pasos me engañaban, mi mente me engañaba. Empecé a sospechar dónde estaba, pero no quería admitirlo, no quería afrontarlo. Una habitación diferente llamó mi debilitada atención, las cosas tenían un color peculiar, parecían emitir luz (aunque me costaba acordarme qué era eso) y en el centro había un enorme baúl. Fotos, libros, ropa y discos, todo estaba disperso, todo era un caos ordenado alrededor de un gran baúl. Rostros vacios, autores delirantes, ropa de mal gusto y músicos horribles alrededor del gran baúl, todo era un rechazo para mí. Me sentí por primera vez asfixiado y decidí abandonar esa habitación. Al borde del colapso, descubrí que no había salida.
Cuando el miedo ya era terror, debo admitir que mis manos comenzaron a temblar, ya no iba a salir de ahí. Me senté entre un montón de ropa, observé, busqué, rogué por encontrar una forma de salir. Era insoportable el destello emitida por los objetos, comencé a guardarlos en el baúl. Los destellos iban desapareciendo. Me senté en el baúl, satisfecho de poder contemplar la oscuridad, al menos eso creí. Un pequeño halo de luz tocaba mi pie, seguí su trayectoria y encontré un pequeño agujero en la pared.
Gente, cuerpos, risas, alguien que creía conocer y luego se quedaba solo. Silbaba feliz, se sentaba y seguía silbando. Intenté gritar, hablar siquiera pero no salían las palabras, golpeé la pared salvajemente. El hombre se levantó, permaneció quieto unos segundos y luego acercó un ojo. Puedo decir que nos miramos o tal vez no, tal vez él sintió que había algo pero no alguien. Alejó el ojo y acercó los labios. Susurró tímidamente casi entre risas: “No quiero que salgas, no quiero que vuelvas, quedate en mis recuerdos. Por algo estás en un baúl”. Se alejó en silencio, abrió una puerta y salió.
Eso es todo lo que pasó. No sé a quién le cuento esto o si me lo cuento a mí para no olvidarme. No sé cuánto tiempo hace que estoy acá. No sé si alguna vez saldré.
Sólo sé que este lugar… es mi único hogar.
Nicolino
17/08/10