martes, 8 de mayo de 2012

XXXI


Del insomnio surgen muchas cosas, demasiadas cosas considerando que uno se está privando de los placeres de dormir. Uno de los productos de mi peor momento en relación a mis horas de sueño es este escrito.

 Cartas de arena

Desatar un manojo de ideas en una noche que simula estar vacía es un vicio difícil de dominar. Es comenzar algo que uno sabe que no va a terminar, ansiedades que siempre traicionan… Un gusto de derrota permanece en el aire dibujando imágenes en la oscuridad y haciéndome entender porqué la z está al final del abecedario.
Una vela intenta purificar la madrugada, luz tenue que tiñe el azul de las paredes haciendo aparecer sombras y colores trastocados. Sumar a mi cuerpo auriculares es pactar una cuasi existencia vampírica (quitando lo emocionante que eso pueda tener) y alejándome de un supuesto sueño que, encima de todo, pretendía ser reparador.
Al divagar por el éter porteño vuelven las ideas, horda de malditas inmortales que arremete contra la poca calma que un maquinador puede apilar. Otro castillo de cartas de arena es asediado, desplomándose en medio de mi habitación. Un intento de final viene de la mano de una tormenta de arena que apaga la flama y me deja desnudo en un gélido desierto.
El insomnio me obliga a recorrer un sendero mientras sueño despierto, cruzándome con oasis de lunas rosadas y mujeres de bronce. Ilusiones de primera mano creadas por mis fantasmas artesanos. Ellos me hacen transitar sentidos que pensaba haber enterrado y construir rostros tenebrosamente perfectos. No hay malas intenciones sólo supuestas lecciones de vida  de estos fantasmagóricos eruditos.
Un carro de fuego extrañamente familiar me arroja del desierto, me hace abandonar las enseñanzas para descubrirme en mi dulce colchón. Los sueños del insomnio son devastadores, bellas consecuencias de jugar con cartas de arena que nos hacen descubrir que hasta los maquinadores podemos cerrar los ojos.

13/04/12
Nicolino

martes, 1 de mayo de 2012

XXX


Hace casi un año, se concentraron en un día elementos muy disímiles. Un pianista, una mujer y el llanto ajeno de alguien. Aislado en mi inacción, sólo pude reaccionar escribiendo (lo unico que se puede hacer a veces).

Claro de superluna

Dos rosas en la tapa de un piano se balancean proyectándose en el borde de mi locura. Una mujer intenta tocar notas bastardas, extinguidas hace tiempo. Pétalos de fuego y lágrimas de olvido queman su piel y borran sus recuerdos. Ella olvida, abandona, desaparece. Pero una parte continua, seis años de melodía etérea… sufriendo. Un recuerdo mantiene viva a una pianista que ya no tiene voz, que no tiene rostro; manos de olvido tocan eternamente mi piel de marfil.

Nicolino
23/05/11

martes, 24 de abril de 2012

XXIX


Dedicado al Sindicato de Maquinadores y, en especial, a mi gran amigo. Un supuesto punto arquimédico de una madrugada me hizo pensar sobre pensar... la maquinación humana es compleja, siniestra y hasta podría decir hermosa.


Engranajes

¿Quién mueve estos hilos? Todo a partir de esos hechos (¿macabros?) que se repiten hasta el hartazgo, sin poder controlar la bronca que brota al caer en el mismo error. Tal vez una palabra, una sílaba, un silencio... lo que sea. ¿Qué viene después? Será cuestión de inventar algo (una mentira asquerosa) para calmar lo que no se puede calmar, ese inevitable tan conocido. Y al final llegarán, las revoluciones por minuto, por segundo, por centésima... tantas posibilidades (una peor que la otra), tantos finales tristes; una mente consumida por un temor (in)justificado.
Todo esto en un abrir y cerrar de ojos, fábrica de errores futuros, siempre atenta, lista y dispuesta a lo que sea para hacerme perder la calma. La poca calma que cuesta tanto juntar para sentirse seguro, sentirse bien, condición-meta-situación-deseo que siempre será víctima de nuestros benditos engranajes…

Nicolino
11/02/11

sábado, 21 de abril de 2012

XXVIII

Querido personaje mitológico, en algún momento debía de aparecer en los escritos. Aca ella representa lo que se perdió y nunca se volvió a conseguir, una creación infinita, un ejercito de cuerpos animados por un pasado.


Chopin, Pandora y la soledad

Tus ideas cruzaban mi aire
Tu sonrisa recorría mis labios
Tus pupilas destellaban en mi oscuridad
Tu piel abarcaba mi piel y más

Fue olvidar el calor agobiante
Sentir una brisa desconocida
Calmar mis ansias con una melodía
Prolongar esa pausa eterna

No hay nadie pero estás vos, estás
Te imagino diferente cada día
Tus manos, tus mejillas, tu olor
Pero nunca tu voz de canela

Tan sólo un manojo de notas de piano
Me hacen recordar, soñar, olvidar
Todo transcurre sin que lo piense
Todo está conmigo y a la vez no

Una luna mercuriana refleja su luz
Se proyectan sueños, temores, pensamientos
En mi suspensión los mezclo, los subsumo
Les doy forma, una forma que conozco

Mi Pandora personal, mi creación
Eterna vida sin voz ni mirada
Consecuencia de mi soledad
Nunca será ella, nunca

Nicolino 
02/01/2011

domingo, 22 de enero de 2012

XXVII

Muchas charlas, personas y palabras acumuladas en un bloc de notas virtual dieron vida a este texto... eternamente amalgamados sin siquiera saberlo.


Eternal beginning of forever and (n)ever


¿Y en qué lugar habrá consuelo para mi locura?
¿Ésta ironía con qué se cura?
Si el final es en donde partí.
Gustavo Nápoli


Y hoy también… me posiciono entre esos pocos pasos que separan un hola de un adiós. Hablo y de verdad creo hablar, creo que me hablan. ¿A quién busco para desafiar las cuerdas de mi mente? Tan sólo para parecerse a las que nunca llegaron a estar. Así es como voy pariendo esos hermosos y sulfatados secretos que todos tenemos, desangrándome en caracteres. Lo que queda de mi persona dulce y verborrágica hoy se oculta en mis desoladas neuronas. Esas alas de cera que me dio la debilidad me hacen volar a la nada, me hacen ir a lo imposible sin siquiera saber qué quiero. Y la realidad, esa realidad tan irreal, me hace dar cuenta que la virtualidad sólo edifica imposibles, de que no hay una persona enfrente mío que sea parecida u opuesta, no hay nada: busco ojos pero encuentro laberintos, busco palabras pero encuentro distorsiones. Y así regreso al inicio, comienzo a jugar otra vez. Me lavo la cara cansada y mi reflejo me susurra: “Los círculos no se rompen solos”.

Nicolino
15/10/10

jueves, 20 de octubre de 2011

XXVI

Este intento de texto en inglés salió volviendo a casa en una madrugada. La asociación con el tema de Agalloch me fue irresistible...

Nunca

I took her where the snow falls forever, she showed me the haunted woods
We gathered together in the oaken palace, free from both death and life
The fire blazed in her eyes one day and she tore the soul from my chest

She painted fire across the skyline II – John Haughm

A place you can’t show me

Something you can’t give me

A moment that has never died

Someone who lives in my dreams


What I seek is a cure

A shield for my soul

Some way to gather the pieces of my heart

Shattered in the sky


Her smile was the essence of time

Her eyes were two immortal stars

Her shoulder was the place for my tears

Her tears were taken by the wind


You must understand

You will never be like her

And I will never be the same

My past will always be my future


But I can’t even accept that…

She will never shine again in the sky

Nunca olvidaré la última luz de sus estrellas


Nicolino

10/10/10

XXV

Cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia.

Voz del sur

Una tarde oxidada de invierno me encontró vagando por una avenida de Boedo. No estaba solo, me acompañaba un ser de color chocolate. Una pureza sonora que hegemonizaba el ambiente se veía cortada por momentos por algún transeúnte o un rebelde caño de escape. Mi paso lento rivalizaba con el de mi acompañante, eternamente apurado en su rutina de vida, quién sólo posee una raison d'être basada en el hedonismo más puro. Los altercados entre ambos son usuales y más cuando uno de nosotros busca volver al hogar y el otro alejarse. Era placer para mis ojos observar cómo las ramas de los arboles que custodian la avenida se mecían de lado a lado por el frio viento del invierno, pese a que mi compañero disfrutaba de los árboles desde una perspectiva muy diferente a la mía.
Uno de los tantos silencios conversacionales se vio diluido por una melodía extraña, mejor dicho una voz extraña. Unos pies levitaban en la vereda de enfrente, intentaban acariciar las baldosas para sentir el frio escondido en los huecos de las pequeñas almas de piedra. Su voz era el motor de su vuelo, de su viaje abstracto y liberador pero, a la vez, el corte de mi pseudorutina urbana. Las ondas que ella creaba iban abriéndose paso en el desierto urbano, dando vuelta el sentido de las cosas, de mis dunas-ideas, de mi presente y de un futuro posiblemente negado. Su mirada perdida dibujaba eclipses lunares y sus labios generaban un placentero caos auditivo.
Fingiendo no ser presas de su música, nosotros seguimos nuestro camino. Era fácil no verla pero imposible no oír su voz, hasta cierto punto en que todo volvió a la normalidad, la rutina retomaba su puesto, la (im)pureza sonora regresaba... Mi acompañante demandaba saciar su sed y yo no pude decirle que no; tampoco podía negarle el hecho de que volveríamos a recorrer esa avenida, alguna que otra tarde, para reencontrar aquella voz.

Nicolino
12/09/10

domingo, 20 de marzo de 2011

XXIV

Muchos meses sin subir nada, olvidos, pocas ganas... nada inusual. Este texto, el segundo de gran extensión, retrata los recuerdos encerrados u oprimidos que uno hace de si mismo. Puedo decir esto habiendolo leído varios meses de haber sido creado.

Home sweet home

Los espejos no reflejaban, buscaba en vano algo que responda a mi necesidad de conocerme. El suelo era suave, casi imperceptible. Las paredes eran huecas, frágiles. Todo tenía un diseño extravagante, diría caótico. Subía y bajaba sin saber a dónde iba. Ni siquiera había ventanas o puertas. La falta de luz natural no se compensaba con nada ya que no había luz pero tampoco oscuridad. Todo era silencio, cada cosa era silencio, yo me estaba volviendo silencio, me costaba pensar, me sentía oprimido por esa nada anónima. Recuerdos de objetos, cosas, ánimas muertas encerradas en algo que me invadían en una desesperación sin precedentes. Recuerdos que invocaban imágenes, imágenes que invocaban sonidos, sonidos que invocaban lágrimas o risas.
Dejé de sentir el cansancio, comencé a sentir miedo. Miedo de algo a lo que me estaba acercando. Porque mis pasos me engañaban, mi mente me engañaba. Empecé a sospechar dónde estaba, pero no quería admitirlo, no quería afrontarlo. Una habitación diferente llamó mi debilitada atención, las cosas tenían un color peculiar, parecían emitir luz (aunque me costaba acordarme qué era eso) y en el centro había un enorme baúl. Fotos, libros, ropa y discos, todo estaba disperso, todo era un caos ordenado alrededor de un gran baúl. Rostros vacios, autores delirantes, ropa de mal gusto y músicos horribles alrededor del gran baúl, todo era un rechazo para mí. Me sentí por primera vez asfixiado y decidí abandonar esa habitación. Al borde del colapso, descubrí que no había salida.
Cuando el miedo ya era terror, debo admitir que mis manos comenzaron a temblar, ya no iba a salir de ahí. Me senté entre un montón de ropa, observé, busqué, rogué por encontrar una forma de salir. Era insoportable el destello emitida por los objetos, comencé a guardarlos en el baúl. Los destellos iban desapareciendo. Me senté en el baúl, satisfecho de poder contemplar la oscuridad, al menos eso creí. Un pequeño halo de luz tocaba mi pie, seguí su trayectoria y encontré un pequeño agujero en la pared.
Gente, cuerpos, risas, alguien que creía conocer y luego se quedaba solo. Silbaba feliz, se sentaba y seguía silbando. Intenté gritar, hablar siquiera pero no salían las palabras, golpeé la pared salvajemente. El hombre se levantó, permaneció quieto unos segundos y luego acercó un ojo. Puedo decir que nos miramos o tal vez no, tal vez él sintió que había algo pero no alguien. Alejó el ojo y acercó los labios. Susurró tímidamente casi entre risas: “No quiero que salgas, no quiero que vuelvas, quedate en mis recuerdos. Por algo estás en un baúl”. Se alejó en silencio, abrió una puerta y salió.
Eso es todo lo que pasó. No sé a quién le cuento esto o si me lo cuento a mí para no olvidarme. No sé cuánto tiempo hace que estoy acá. No sé si alguna vez saldré.

Sólo sé que este lugar… es mi único hogar.

Nicolino
17/08/10